Aniversario Olímpico

La educación y el cariño que de mi padre recibí resultaron tan provechosos que no necesito de aniversarios para tenerle muy presente en mi vida. De todos modos, este quinto aniversario de su muerte es especial. Especial porque, además, es el cuadragésimo aniversario de su participación como entrenador del Equipo Olímpico Español en los JJOO de Montreal 76. Se cumplen cuarenta años de esa experiencia olímpica, que tanto representó para él, cuando, curiosamente, acababa de cumplir también cuarenta años. Me acuerdo de haber leído a Francisco Umbral, citando a Ingmar Bergman, el famoso cineasta sueco, en una de aquellas maravillosas columnas en la última de El Mundo: “Hasta los cuarenta años un hombre vive sus propias experiencias y luego se limita a comentarlas”. Teniendo en cuenta la relevante procedencia de la cita y mi propia experiencia vital, me da la impresión que toda persona experimenta a partir de los cuarenta años una vuelta al pasado, una nostalgia inevitable (he reprimido in extremis la inclinación natural a escribir “todo hombre” no vaya a ser que se me tilde de machista recalcitrante. Por cierto, menudas “gansadas olímpicas” que he leído los últimos días, escritas por “feminazis” que rezuman un autoimpuesto y obsceno victimismo en cada frase que escriben).

Mi padre nunca se cansó de contar su experiencia en Montreal 76. Sus relatos pretendían que todos los que le escuchábamos comprendiéramos lo que aquello supuso en su vida. Volvió a casa entusiasmado con los “dieces” de Nadia Comaneci y la elegante zancada de Alberto Juantorena para conseguir el más difícil todavía que supuso para el Atletismo Olímpico la victoria del cubano en los 400 y 800m. Contó y recontó la emoción experimentada, y revivida después cada vez que lo contaba, al desfilar tras la bandera española en la entrada al estadio olímpico en la ceremonia inaugural de los JJOO. Y si todo esto no fuera poco, mi padre participó activamente en Montreal 76,  en la consecución de la primera medalla olímpica para el Piragüismo Español.  Cuánta satisfacción, la que experimentó in situ, con la plata olímpica de Herminio Menéndez (su pupilo en Los Gorilas de Candás), Celorrio, Díaz-Flor y Misioné, en el K-4 1.000m. Una medalla histórica para el Deporte Español, a la que se sumaron los grandes resultados que supusieron el cuarto puesto de Seguín-Del Riego en K-2 500  m, el quinto puesto de la misma tripulación en K-2 1.000m y el cuarto puesto de Herminio en K-1 500m, a menos de una décima del bronce, lo que unido a la plata en K-4 1.000m le situaba ya entre los palistas más grandes del Piragüismo Mundial. En las temporadas 1975 -76  mi padre ayudó en las labores técnicas  a Eduardo Herrero, el gran responsable de la modernización de las estructuras técnicas del Piragüismo Español. Y para mayor goce, tuvo mi padre a su lado en los JJOO a otro palista de Los Gorilas, a quién tanto él quería, Ramón Menéndez Palmeiro (“Moncho”), que participó en la Olimpiada como reserva del equipo.

Acreditación de papá en Montreal 1976

Tras Montreal 76 renunció mi padre, por sentido del deber, a seguir creciendo como técnico en el Equipo Nacional. Por delante del relumbrón  al que apuntaba el Equipo Nacional de Piragüismo por la perspectiva de éxitos en los años venideros, situó el seguir haciendo crecer el proyecto familiar que había iniciado con mi madre, el negocio en forma de “Carnicería-Charcutería Hermanos Prendes”  y el proyecto deportivo que suponía el Club Los Gorilas, a quién algunos años después incluyó también en el proyecto familiar cuando lo calificó como su quinto hijo.

Finalizados los JJOO llenó también mi padre su vida de recuerdos materiales  traídos de Montreal con el fin de que aquella experiencia tan maravillosa pudiera pervivir en su memoria el mayor tiempo posible. En las repisas de mi casa se situaron “Amik”, el castor mascota de Montreal 76, y los esquimales en piragua tallados a mano por los Inuit en la piedra de jabón. En las habitaciones de mis hermanos y mía se pegaron los posters oficiales de los JJOO y los dibujos que adornaban su habitación en la Villa Olímpica, pintados por los niños canadienses en señal de bienvenida a los deportistas olímpicos. El cuadro con el diploma que certificaba la participación de mi padre en los JJOO y la foto en la recepción que ofreció a los equipos medallistas el recién nombrado Rey, los puso mi padre en su despacho. En el salpicadero de su coche  era fácil distinguir el logotipo de Montreal 76 y de una de las trabillas de su pantalón  colgaba siempre el llavero que el Comité Olímpico Español hizo para los JJOO de 1976. Recuerdos éstos, que nos ayudan ahora a nosotros, sus seres queridos, a mantener viva la memoria de quien tanto marcó para bien nuestras vidas.

Quiero citar dos hechos que él siempre recordaba como colofón al relato de toda la historia vivida en Montreal: la emocionada visita a Lely, la tía de mi madre, monja de clausura en Trois-Rivières y el apoteósico recibimiento en Candás al Equipo Olímpico de Piragüismo, en una caravana de coches que sin dejar de atronar el claxon, transportó a los olímpicos candasinos y a algunos de sus compañeros de equipo desde el Aeropuerto de Ranón hasta La Baragaña, donde fueron recibidos y felicitados por todos los vecinos.

La presencia cercana de mi padre durante mi estancia en Río  me resultó, por todos los motivos que os he contado, sumados a la coincidencia en fechas con el aniversario de su fallecimiento, muy intensa. Podréis entender ahora que cada felicitación que repartí a Saúl, Toro, Miguel García, Sete, Marcus, Brage,  Artuur, etc., era, en parte, consecuencia del empujón con el que mi padre me impelía hacia el abrazo con ellos para transmitirles su enhorabuena y agradecimiento por tan felices momentos vividos por él desde los cielos, sobre la Laguna Rodrigo de Freitas.

Carlos-M. Prendes García-Barrosa.

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«Lefts and rights»

En los deportes de combate,  de equipo y de raqueta,  la consecución del objetivo se soporta, en importante medida, en la táctica. Así, el perfil psicológico de quienes triunfan en estos deportes refleja un nivel de inteligencia asociado a la rápida toma de decisiones, las más acertadas, entre muchas opciones, en intervalos de tiempo muy cortos. El mediocentro de un equipo de fútbol, cuando recibe el balón con oposición de un defensor, en las cercanías del área contraria, podría optar entre hacer un control orientado y conducir en distintas direcciones del campo, podría decidir pasar de primeras a varios compañeros de equipo posibles receptores del pase, podría decidir si disparar a puerta entre un abanico de posibles golpeos y zonas de la portería que se le ofrecen como destino del disparo. En definitiva, el intelecto del jugador debe, en un intervalo muy corto de tiempo, acertar de entre todas las posibilidades, la más conveniente. Se trata de percibir, analizar, decidir y ejecutar correctamente. Para reafirmar la potencialidad intelectual de estos deportistas, pensemos cuanto más importante es el componente táctico cuando el tiempo  para ejecutar la secuencia percepción-análisis-decisión-ejecución está limitado por más factores. En el Baloncesto, pasar (picado, de pecho, a una mano, etc) a varios posibles destinatarios en movimiento y con defensores cortando las posibles líneas de pase, circular con el balón en bote o tirar a canasta, cuando faltan dos segundo para terminar el partido y el equipo en posesión del balón pierde de dos puntos, demuestra la complejidad táctica del Baloncesto. Y qué decir de el judoka que ha de puntuar para seguir en competición, restan 10” para acabar el combate y otro oponente le agarra intentando desequilibrarle  en oposición constante al sinfín de opciones de técnica de cadera, pierna o brazo que le permitiría puntuar como ippon, waza-ari, yuko o koka.

El componente táctico del Piragüismo de Pista, al igual que sucede con el atleta, el nadador, el ciclista de pista, el remero, o el esquiador de fondo, no tiene comparación alguna con los ejemplos descritos anteriormente. Sin embargo, la posibilidad de alcanzar el éxito deportivo también requiere de aptitudes psicológicas fundamentales que permitan sacar el mejor partido a cada ciclo de palada, de los muchos, muchísimos, que repite el Piragüista cuando palea en competición. Una vez que el gesto del paleo, en cada una de las fases de la palada, se automatiza, la posibilidad de que cada una se ejecute con la máxima eficiencia, depende del entrenamiento de las cualidades físicas. Y esto requiere constancia, perseverancia, voluntad y determinación. Actitudes con límites difusos entre ellas, al incidir todas en áreas similares de la personalidad del deportista. Y es que, si cada palada cuenta, el ganador será aquel que ejecute cada una de esos cientos de paladas que son necesarias para cubrir los 1.000m, de la forma más eficiente, con la máxima aceleración y el máximo avance de la embarcación por palada. Palada tras palada. Una tras otra y con la misma importancia desde la primera hasta la última.

 Kenny Wallace, uno de los referentes en el Piragüismo de alto nivel, con un historial deportivo de campanillas, que puede todavía resplandecer más en Río 2016, hace referencia con cierta frecuencia en las redes sociales a la calidad de su entrenamiento basada en la búsqueda constante, palada a palada (“lefts and rights”), de la máxima eficiencia técnica.

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El mensaje tiene más enjundia de lo que la simple traducción literal del mismo ofrece al entendimiento de un profano en Piragüismo. El mensaje refleja un estilo de vida que los piragüistas de élite asumen con disciplina. El piragüista de alto nivel tiene una personalidad rica, porque reúne capacidades definitivas para el éxito en todos los deportes individuales, cíclicos y de resistencia. El Piragüista basa su éxito en vivir de forma rutinaria, en una rutina fundamental para conseguir sus objetivos y que asume con determinación, disciplina y obsesiva perseverancia, en cada parcela del entrenamiento que afecta a su rendimiento. “Lefts and rights” cuando palea, come o descansa.

Esta filosofía del «palada a palada” es repetida en cada momento de la jornada, disfrazada de otras secuencias igual de rutinarias  e igual de fundamentales para el rendimiento del palista. Sesión a sesión. Repetición a repetición. Serie a serie. Parcial a parcial. Intervalo a intervalo. Comida a comida. Bidón a bidón. Sueño a sueño. Calentamiento a calentamiento. “Bendita rutina” como ejecución práctica del Principio de Continuidad, tan fundamental para la consecución del éxito deportivo en el Piragüismo.

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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Historias Olímpicas / “La mirada del tigre”

En mi artículo de enero de 2015 titulado  “1984-1985 Cambio de ciclo en el Equipo Nacional Español de Piragüismo en Aguas Tranquilas” dejé para mejor ocasión el relato de un hecho singular acontecido en la temporada 84 y que giraba en torno a la figura de José Reyes Rodríguez.

Los caminos por los cuales discurre la  motivación de un deportista, en la búsqueda por la consecución de un objetivo, son múltiples y pueden fundarse en las más variadas circunstancias que rodean una trayectoria deportiva.  Las “motivaciones positivas” suelen ser las que guían habitualmente  las aspiraciones más exigentes de un deportista de élite. Aumentar el rendimiento deportivo, lo que permite al deportista ser seleccionado para competir en los campeonatos de mayor relieve, acceder a las mejores condiciones de entrenamiento, mejorar su situación económica, obtener mayor difusión mediática de sus resultados deportivos o satisfacer a quienes más le quieren, son ejemplos de este tipo de motivaciones positivas. De forma paralela y en ocasiones íntimamente solapadas a las motivaciones positivas, se encuentran las motivaciones negativas, más “retorcidas”, y que se fundan, en algunos casos, en deseos de revancha.

Desde sus inicios en el Piragüismo, José Reyes Rodríguez no pertenecía al grupo de deportistas que destacan por su simpatía y refinados modales. Más bien todo lo contrario. Al lado de una progresión en su rendimiento, llamativa a los ojos de cualquier entrenador, medianamente conocedor del entorno deportivo que suponía el Piragüismo Español de comienzos de los 80, y un nivel de condición física y técnica al nivel de los mejores, se cimentaba la historia de un palista un tanto irreverente, solitario, altanero y provocador. No tiene por objeto este artículo el hacer un análisis de las causas que forjaron en Reyes una personalidad compleja e hicieron de él un “outsider” en su etapa como miembro del Equipo Nacional de Piragüismo. Pretendo simplemente relatar un acontecimiento acaecido en el verano de 1984, que demuestra a las claras la relación directa entre la consecución de un objetivo deportivo muy ambicioso y la carga de motivación que le acompaña, en este caso una motivación negativa, utilizada como catalizador eficacísimo del nivel de rendimiento del deportista.

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José Reyes Rodríguez

En un entorno en el que no existían criterios de selección objetivos, las “vacas sagradas” del equipo tenían mucho más poder y capacidad de decisión que el propio entrenador (y cualquier directivo, e incluso el mismísimo presidente de la federación), cuya única ambición era satisfacer los deseos de los Menéndez, Misioné y Del Riego, y donde José Reyes era un “cuerpo extraño”, poco menos que marginado por el resto del equipo, a pesar de su nivel de rendimiento, que, si no era el mejor del equipo antes de ir a Los Ángeles, sin duda era uno de los mejores de entre los ocho kayakistas preseleccionados para la concentración previa a los JJOO, la componenda para que Reyes fuera el excluido en la selección final, era solo cuestión de tiempo. Sin que se entienda como un justificante ante la fechoría que se cometió con Reyes, cierto es que la antipatía y autoexclusión del grupo, no hizo sino enfrentar a todo el equipo  (palistas, entrenador y directivos) con el piragüista del C. N. Ensidesa. Este caldo de cultivo condujo, sin remisión, a una alevosa, injusta y malévola  exclusión  de Reyes del equipo olímpico para Los Ángeles 1984. Quienes la perpetraron, no imaginaron el “chute” de envenenada motivación que inyectaron en la psique de Reyes.

Como cualquier piragüista de élite, joven y con un nivel de rendimiento y resultados que le hacían merecedor de la selección para competir en Los Ángeles 1984, su mayor aspiración y deseo era participar en esa Olimpiada, la primera para él, la más deseada. Un proceso de selección arbitrario y “manipulador” le dejó fuera. José Reyes reprimió su impotencia y derecho al pataleo por tan injusta decisión. Decidió dejar el Piragüismo. José Seguín, su entrenador por entonces en el C. N. Ensidesa, le pidió que siguiera. Aceptó a regañadientes  y con precisión calculada maquinó su venganza. Se conjuró para entrenar más y mejor que nunca en los dos meses que faltaban para el Campeonato de España de Velocidad, donde se volvería a encontrar con todos los seleccionados para Los Ángeles 1984, la semana siguiente a la finalización de los JJOO. El objetivo no era vencerlos por despecho hacia ellos, sino para mostrar a quienes orquestaron su exclusión del equipo olímpico, delante de todo el Piragüismo Español: palistas, entrenadores, directivos y aficionados que acudirían a la cita, que se había cometido una injusticia. En ese campeonato la masiva asistencia de aficionados estaba asegurada. Entre otros motivos que hacían muy atractivo el campeonato, estaba la gran despedida que se ofrecía a Herminio Menéndez, en su tierra, en la competición que suponía su retirada del Piragüismo tras una exitosísima carrera deportiva.

 

Quienes compartimos con Reyes lugar de entrenamiento esos dos meses, entendimos, sin que mediaran explicaciones por su parte, que estaba tramando “algo gordo”. Llegábamos a entrenar por la mañana al embalse y Reyes estaba ya entrenando. Si volvíamos por la tarde, Reyes estaba de nuevo “zurrándose” por el campo de regatas. En la mayoría de las ocasiones, cuando nos íbamos para casa, Reyes seguía entrenando. Aquella obsesión necesitaba de refuerzos psicológicos apropiados. Así, vimos extraños “mensajes” pintados enfrente de la bañera de su K-1 y amuletos situados debajo del asiento. Supongo interminables las sesiones de vídeo con Rocky Balboa en la pantalla. Había que asimilar con intensidad “la mirada del tigre” que le llevaría a tumbar en el ring a quienes habían frustrado su mayor ilusión. Dos años después de este suceso, compartiendo habitación con Reyes en la concentración del Equipo Nacional, en Sevilla, me hizo ver de un tirón, Rocky I, Rocky II y Rocky III, como “calentamiento” para disputar un control selectivo al día siguiente.

En el Campeonato de España las cosas sucedieron, posiblemente, mejor de lo que Reyes podía haber imaginado. Las consecuencias del severo jet lag que sufrían todos los palistas del equipo olímpico (hecho que desfavorecía a quienes apenas tres días antes habían regresado de Los Ángeles) facilitó la consecución del plan de Reyes. Ganó con holgura el K-1 1.000m y 500m. Ganó también el K-2 500m con José Polledo. Y no ganó el K-2 1.000m, con Polledo también como compañero de tripulación, porque no llegaron a tiempo a la salida, pocos minutos después de haber ganado el K-1 1.000m. Embocaron la calle cuando la prueba ya discurría casi 200m después de la salida. Su particular “vendetta” se había cumplido ante los ojos de cientos de atónitos espectadores. En las dos pruebas de K-1 repitió una ceremonia que debió imaginar en innumerables ocasiones, mientras Rocky golpeaba sin compasión a Apollo Creed antes del K.O.: a 25 metros de la línea de meta, dejó de palear, y mientras su K-1 completaba victorioso los últimos metros de la regata, levantó el brazo con el índice apuntando a quienes brindaba la “exhibición”, aquellos que impidieron que se realizara su sueño olímpico, dedicándoles desafiante y lleno de ira  “la mirada del tigre”.

  Carlos-M. Prendes García-Barrosa

 

 

 

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El arriesgado propósito de ser campeón olímpico

La cascada de sonados fracasos que está provocando en los equipos nacionales europeos de Piragüismo el sistema de clasificación para Río 2016, invita a reflexionar seriamente sobre la importancia que, cada vez más, tiene la rigurosa definición de objetivos a largo plazo. Cuando el desafío olímpico aparece en el horizonte de la vida deportiva de los jóvenes piragüistas, es muy difícil que éstos se pongan en el pellejo de tantos piragüistas europeos de renombre, acostumbrados a estar entre los mejores y que, en fechas como las que nos encontramos, luchan desesperadamente contra la frustración que les provoca la no clasificación para Río 2016, tras, al menos, cuatro temporadas de dedicación exclusiva al entrenamiento. Por contra, miles de piragüistas que ya saben lo que es triunfar en categoría juvenil y Sub 23, se ven deslumbrados por el realce que los medios de comunicación dan a las gestas olímpicas de los Craviotto,  Brendel o  Kozák,  y como los apóstoles de Jesús, que sin dudar un solo instante, accedieron a seguirle dejando en la playa los aparejos de pesca, estas promesas olímpicas en ciernes dejarán a un lado cualquier otra tarea, académica, laboral o privada, en la que se encuentren enfrascados y caerán en la tentación que supone la muy arriesgada empresa de querer ser campeón olímpico. Las escenas de satisfacción que aparecen tras alcanzar la gloria olímpica, esconden la dramática realidad de una selección cruel e injusta allá donde el Piragüismo de pista tiene más implantación y tradición: Europa.

Las razones que han provocado tales niveles de dificultad para que un piragüista  llegue a ser olímpico en las últimas y próximas ediciones, quedan explicadas por  la aparición de cuotas exiguas, debidas a la limitada capacidad organizativa en los JJOO tras la inclusión en las últimas ediciones de nuevos deportes y categorías en el programa olímpico. Si a esto sumamos la injusta y desproporcionada aplicación del principio de universalidad, frente al criterio de rendimiento, sea cual sea el origen del deportista,  no quedarán dudas sobre el componente casi épico que adquiere la clasificación en algunos deportes y continentes. El mejor ejemplo lo ofrece el Piragüismo de Pista en Europa, donde la implantación y nivel competitivo del mismo está muy por encima del resto de continentes y, por contra, la cuota a la que tienen que enfrentarse los piragüistas europeos, provoca auténticos destrozos entre los cientos de piragüistas  que frecuentan la parte más alta del ranking mundial y europeo.

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Esta particular situación del Piragüismo de Pista en Europa, obliga a que los cuerpos técnicos de los Equipos Nacionales ayuden al joven palista a fijar objetivos no solo relevantes, sino también alcanzables, realistas, con un razonable nivel de riesgo en la lucha por su consecución. Además, resulta ya ineludible, el que los programas de Detección de Talentos  incluyan en los criterios de selección, herramientas de valoración eficaces que no solo descubran potencialidades fisiológicas, motrices y morfológicas siempre necesarias, sino que también ayuden a seleccionar a deportistas con rasgos de personalidad que en el futuro le permitan asumir el fracaso y la frustración por la no clasificación olímpica, como un refuerzo (en este caso, negativo) para la planificación de futuros desafíos y no como un “manotazo duro, un golpe helado”, que acabe truncando una carrera deportiva en la élite, todavía incipiente.

Carlos-M. Prendes García-Barrosa

 

 

 

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«El celo por tu casa me dovora»

El celo por tu casa me devora

 

Jesús también se mostró expeditivo cuando expulsó a los mercaderes del templo. El celo por la casa del Padre le devoró y no pudo soportar el ultraje que suponía ver a los cambistas comerciando allí. «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Estamos en la Cuaresma y debemos imitar a Jesús en su celo por la casa del Padre. Mi primer impulso es incitar a los católicos a seguir el ejemplo de Jesús frente a los frecuentes ultrajes y humillaciones que sufrimos los católicos en los últimos tiempos desde la izquierda radical. Mi primer impulso hubiera sido el desalojar a Rita Maestre a latigazos de la capilla de la Complutense. Mi primer impulso hubiera sido azotar a Ada Colau cuando una de sus «sacerdotisas» hizo, en un acto público,  un uso blasfemo y grosero del Padrenuestro. Voy a reprimir una vez más mis impulsos básicos, primitivos, para seguir los consejos de Benedicto XVI cuando en este tiempo de Cuaresma invitaba a interpretar este pasaje del Evangelio de forma que entendamos el cuerpo de nuestro prójimo como el templo del Padre. Estoy dispuesto a venerar, incluso al prójimo que más me ofende, mientras haya RESPETO.

El editorial de Luis del Pino al respecto, es contundente:

http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2016-02-20/editorial-de-luis-del-pino-meterse-con-los-amish-97872.html

 

Carlos-M. Prendes García-Barrosa.

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Canoeing training session POR-RUS-BEL Montebelo-Aguieira (POR) 19-02-2016

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Por la responsabilidad civil.

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Por la igualdad de todos los españoles ante la ley.Por el derecho de todos los españoles a decidir sobre la unidad territorial de España. Por la libertad de elección del español como lengua en la que educar a quienes así lo desean en cualquier lugar de España. Por la igualdad en materia fiscal en todas las regiones de España. Por el respeto a los símbolos de nuestra nación, la bandera, el himno y el jefe del estado. Por el cumplimiento de las sentencias del Tribunal Constitucional. Por la igualdad de oportunidades en materia laboral en cualquier parte de nuestro país. Y por muchas cosas más que afectan a derechos irrenunciables de todo español, el próximo 27 de septiembre todos los catalanes que compartan estas inquietudes deben votar a las opciones políticas que defienden estos derechos básicos.

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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Carnicería Hermanos Prendes

La muerte de mi padre hace cuatro años me pilló con mi equipo en plena lucha deportiva por la clasificación olímpica para Londres 2012. En el  cuarto aniversario de su fallecimiento vuelvo a encontrarme en similar circunstancia, esta vez intentando la clasificación para los JJOO de Río 2016. No preciso de aniversarios para tener muy presente a mi padre en mi vida. Aún así, la coincidencia en el calendario de este último,  con el  reto  profesional más trascendente que me planteo cada cuatro años, al igual que sucediera en el momento de su muerte, me ha hecho desviar la atención por unos momentos del campo de regatas a la memoria familiar. En esta ocasión la sensibilidad se dispara al sumarse al recuerdo de mi padre el de mi tío Pipo, fallecido hace diez días.

Podría rememorar infinidad de situaciones vividas al lado de mi padre y mi tío. Sin embargo voy a centrar este homenaje a su memoria en algunas de ellas, ocurridas en su  lugar de trabajo, la “Carnicería  Hermanos Prendes”.

Mi primera contribución al negocio familiar consistió, con apenas ocho años, en llevar embutidos  a la carnicería desde la “choricera” los sábados por la mañana. Una vez llegaba a la carnicería con los cestos de madera trenzada, cargados de chorizos, longaniza y morcillas, mi responsabilidad pasaba a ser el sumar sobre el papel  los precios de los productos que compraban los clientes, para luego cobrarles. La cosa se complicaba, a veces, para un discreto alumno de  E.G.B., en matemáticas. A base de insistirme, mis ahora recordados “maestros carniceros”,  para que repasara las cuentas las veces necesarias, a fin de que al cliente se le cobrara la cantidad exacta, acabé siendo, con el paso de los años y miles de sumas sobre el papel en tiempo limitado, un especialista en aritmética. Las vacaciones en el colegio hicieron que no  fueran solo los sábados los días que yo pasaba en la carnicería al lado de mi padre y mi tío. Y a base de seguir día tras día sus sabios consejos en el uso del cuchillo y el hacha en el tayo, mi trabajo tras el mostrador se asemejaba más y más al propio de un carnicero. Así que mientras los dueños del negocio deshuesaban boliches y solomillos, o  cortaban riquísimos filetes de la tapa o la contra, yo me dedicaba a limpiar de menudos a pollos y conejos para su posterior despiece. Mi padre y Pipo tenían claros sus roles en el negocio. Se complementaban muy bien en las diferentes tareas que se realizaban en la carnicería. Y si mi padre agradaba más al cliente “refinado” que pedía explicaciones sobre las características de la carne de ternera, Pipo llenaba la bancada de clientes que no tenían mucha prisa y buscaban el gracejo de sus comentarios:

  • “Pipo, ¿tienes hígado?”
  • “Desde que nací…”
  • “ponme un bistec”
  • “¿valte una raja?”
  • “¿tienes corazón?”
  • “Llevómelo todo Berta”

Aún siendo ahora un tanto macabro el comentario, no me resisto a  reproducir otro chascarrillo que repetía Pipo cuando los clientes metían más prisa de la cuenta deseosos de terminar la compra en la carnicería, y que se ha visto ya confirmado en su propio ser:  “tomailo con calma, que al final vamos ir todos pa San Bernardo”  (refiriéndose al cementerio municipal de Candás).

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La Carnicería de los Hermanos Prendes era mucho más que una carnicería al uso. En ocasiones la dependencia donde se encontraba la nevera y zona de despiece, servía como gabinete psicopedagógico. Allí, de forma confidencial, en este caso el cliente amigo de mi padre, le pedía consejo en relación o determinada situación familiar, laboral o deportiva. El escaparate de la carnicería era el lugar de exposición de los trofeos que en cada regata o campeonato conseguían los palistas del Club Los Gorilas, al igual que las paredes, de las que colgaban muchos marcos con fotos que recordaban momentos gloriosos en la historia deportiva de nuestro club. Y cuando se aproximaba la hora de cerrar la carnicería al  público, comenzaba el encuentro de muchos palistas de Los Gorilas en la carnicería. Mientras mi padre y Pipo retiraban a la nevera las piezas de carne, se iniciaban tertulias sobre cualquier acontecimiento habido en el pueblo, además de comentarse las previsiones que se tenían de cara a la próxima competición  o decidir cuestiones relacionadas con la sesión de entrenamiento de la tarde.

Mi padre y Pipo crecieron y fueron educados juntos. Menos de dos años separaron su nacimiento y cuatro años han separado su fallecimiento. Desde muy pequeños compaginaron las ocupaciones habituales de cualquier niño y adolescente con el aprendizaje del oficio de carniceros y charcuteros. Mientras eso sucedía, sus vínculos afectivos crecieron y crecieron. No eran muy dados a expresarlos ante los demás, incluso cuando éramos sus familiares quienes con ellos estábamos. Sin embargo, pasaron juntos detrás del mostrador tres cuartas partes de su vida. Ya no están juntos físicamente, pero sí lo están, y de forma muy deseada por los dos, juntas sus almas.

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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TRAINING SPRINT CANOEING

Last october 2012 in the “IV International Congress of Coaches on Sprint Canoeing” that took place in Catoira (Pontevedra – Spain), we could listen to a big amount of good lessons related to  the High Performance Training for Sprint Canoeing, told by some specialist in our sport. My colleagues M. Isorna, F. Alacid and J.J. Román have been able to summarize them in this book: “TRAINING SPRINT CANOEING. Progress in improving the physical, technical, tactical, psychological, nutritional and technological preparation”.

Get it in the Worlds, next week in Milan!

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Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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Deporte de Alto Nivel, Dopaje y Dignidad.

Resulta muy significativo que medios de comunicación tan importantes como «The New York Times», «The Sunday Times», la «BBC»,  la televisión alemana «ARD»  y los más importante periódicos españoles, entre muchos otros, hayan dedicado la primera plana de sus informativos del fin de semana, para advertir de la todavía muy importante presencia del dopaje en el deporte de alto nivel (aparecen los enlaces al final de mi artículo).

El atletismo es el deporte olímpico más importante. Los JJOO de Río 2016 están a la vuelta de la esquina. Los sistemas antidopaje no son capaces de descubrir la enorme masa de deportistas que triunfan en los JJOO, los Campeonatos del Mundo y las pruebas que dan acceso a éstos, de forma ilícita. Los reglamentos en vigor no sancionan con contundencia a los deportistas envueltos en tramas de dopaje. No hay escarmiento, porque las «penas» que se imponen son laxas y no corrigen el comportamiento tramposo. Y lo que es peor, la educación y los mensajes que recibimos en los medios de comunicación incitan a desviar la atención de las informaciones que involucran en casos de dopaje a deportistas muy mediáticos, invitándonos constantemente a sospechar del procedimiento y echando tierra encima de las evidencias que salpican al susodicho deportista mediático manchado. Se nos sigue educando en el consentimiento de la trampa. Y ésto no puede extrañarnos en nuestro país, un país con tradición en la picaresca y el engaño. España es uno de los países del mundo donde más condescendientes somos con los políticos corruptos que, a su manera, llenándose los bolsillos de dinero de forma ilícita, también hacen trampas y no hay voluntad por parte de ningún partido político por tomar medidas rigurosas que acaben con esta lacra. Siendo así en la vida política, ¿quién va a dar un paso adelante para aplicar medidas de control y castigo mucho más contundentes en los casos de dopaje en el deporte de alto nivel?

Vuelvo a recoger una reflexión sobre la dignidad que escuché en una tertulia entre dos sesudos filósofos y que llevé al ámbito del dopaje en una entrada anterior de este blog (https://cime1234.wordpress.com/2013/01/18/la-hipocresia-y-el-dopaje-en-el-deporte-apuntes-para-la-reflexion/):

«Aquellos que obvian la dignidad de quienes compiten respetando las normas, aquellos que consideran que la dignidad de los que van “limpios” no le afecta y son tolerantes con el dopaje, han quedado fuera del ámbito de la dignidad.»

Dopaje en los JJOO

http://deportes.elpais.com/deportes/2015/08/02/actualidad/1438514432_064182.html

http://www.thesundaytimes.co.uk/sto/news/uk_news/thedopingscandal/article1588427.ece

http://www.daserste.de/information/reportage-dokumentation/dokus/videos/geheimsache-doping-engl-version-100.html

http://www.bbc.com/sport/0/athletics/33749208

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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