David Cal y la belleza del triunfo.

Tengo la impresión de que algunos motivos por los que David Cal ha renunciado a seguir luchando por una medalla olímpica en Río 2016, no van a salir  de su boca. Y me parece muy bien. La discreción es una virtud por mí muy valorada. A fin de cuentas, ¿a quién le importa eso? Lo realmente importante ahora es reconocer lo hecho por el deportista español más laureado en la historia de los Juegos Olímpicos.

La retirada de la alta competición de David Cal ha suscitado muchas muestras de agradecimiento y buenos deseos en la nueva etapa que inicia ahora el palista gallego. Las muestras de agradecimiento se deben, en gran medida, a los muchos buenos momentos de felicidad que ha ofrecido David a quienes siguieron sus regatas en las finales olímpicas de Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012. Son momentos de felicidad entregados a cada uno de los miles de aficionados, basados en motivaciones varias. A unos les hizo felices por su identificación patriótica con el palista. A otros, porque también practicaban el Piragüismo. Los familiares y amigos de David sintieron la felicidad de forma especial y duradera.

En mi caso se unieron todos esos factores. Como orgulloso español, me emocioné escuchando nuestro himno, en el canal de Schinias, tras batir al gran Dittmer, en la consecución de su primera medalla olímpica. Fue un momento especial, mítico.  Mítico, porque las dos primeras medallas olímpicas, las consiguió David Cal a muy pocos kilómetros de la histórica ciudad de Marathon, desde donde, cuenta la leyenda, Filípides partió corriendo hacia Atenas para anunciar la gran victoria sobre los persas, en el 490 a. C.  Como piragüista y entrenador de piragüistas, deduje y disfruté inmediatamente, por el valor de todas esas medallas olímpicas, que eran el resultado de una conjunción perfecta entre el potencial físico y psicológico del deportista, y un largo y complejo proceso de entrenamiento muy bien planificado y dirigido por Suso Morlán.  Entre el canoista gallego y un servidor no se han dado a lo largo de los años las vivencias comunes que permitan decir que somos amigos, en el sentido literal del término. Intuyo, además, que David se cuida mucho de las malas compañías y sus verdaderos amigos son pocos y muy escogidos.   Sin embargo, el haber coincidido con él en tantas competiciones y concentraciones, hace que lo conozca un poco y lo aprecie. Por este motivo, también me ha llenado de felicidad el verle ganar todas esas medallas olímpicas.

david-cal

Además de estas razones principales para sentirnos felices por los éxitos de David Cal, me interesa resaltar otra que a mí me ha hecho valorar aún más lo conseguido por el canoísta gallego. Siempre me ha llamado la atención el aspecto estético del deporte. Y si David, a diferencia de la gran mayoría de campeones, ha sido parco en gestos excesivos de triunfo, muy bellos de por sí, ha sido, por contra, muy generoso en gestos técnicos preciosos. Gestos técnicos ofrecidos en cada palada de las que le han llevado al éxito deportivo. Aunque mi vinculación al Piragüismo se ha forjado en la modalidad de kayak, siempre he sentido una atracción especial por la canoa. Siendo un crío, ya me sorprendía al ver en el Club Los Gorilas de Candás a Víctor García y a José Antonio Fernández,  palear de rodillas sobre un taco de poliespán, por, solamente, un lado de la canoa, siendo capaces de llevar ésta, recta y muy rápido. Mi atracción por esa técnica se acrecentó viendo las películas de 8 mm que nos enseñaba Eduardo Herrero en “El Pino”, a comienzos de los 80, en las que aparecían el húngaro Tamás Wichmann, el rumano Iván Patzaichin y el yugoslavo Matija Ljubek, que eran los mejores canoístas del momento, y los modelos a seguir por entonces, por aquellos que pretendieran “palear técnicamente bien” en canoa. Desde esa época y hasta que David empezó a ser el referente mundial de la canoa, aunque el material utilizado ha evolucionado mucho, los fundamentos técnicos del paleo en canoa no han cambiado tanto. He admirado el palear de Heukrodt, Bukhalov, Klementjev o Dittmer, pero,  de entre todos los grandes de la canoa en los últimos tiempos, me quedo con David Cal. La amplitud de movimientos, la secuencia fluida de acciones en cada fase del ciclo de palada, el limpio deslizamiento de la canoa evitando la resistencia frontal del agua, la estabilidad del palista sobre la embarcación, la íntima conexión del sistema “palista-embarcación-pala-agua”,  el amplio avance en cada palada.  La belleza del gesto técnico no nos haría sentir tan felices si no fuera acompañada de la victoria en el mejor escenario posible.  David Cal, nos ha ofrecido ambas cosas generosamente, durante más de quince años. Gracias.

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa.

Acerca de cime1234

Sprint Head Coach Belgium Flatwater Canoeing National Team Presidente del Club Piraguas Los Gorilas de Candás https://cime1234.wordpress.com/ cime1234@hotmail.com
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