A finales del siglo XIX y principios del XX, muchos vecinos de Carreño emigraron a Cuba buscando fortuna en un territorio donde había bonanza económica, les esperaban muchos otros emigrantes españoles y se vivía en un entorno cultural muy semejante al que dejaban atrás. Entre ellos mi bisabuelo Anselmo, de Candás, su esposa Concha, de Perlora, y su hijo Manolo, mi abuelito de Cuba. El influjo cercano de la economía capitalista de los Estados Unidos y la capacidad de trabajo y adaptación de aquellos emigrantes, les permitió prosperar rápidamente. Ese sistema capitalista y la añoranza de su terruño les animó a crear asociaciones para que los emigrantes de Carreño, en este caso, pudieran reunirse a celebrar juntos en La Habana, la festividad del Santísimo Cristo de Candás, de San Félix o de la Virgen de Covadonga. Mis bisabuelos Anselmo y Concha, junto con otro matrimonio de Carreño, José Muñiz García y Marina Muñiz, fundaron con este fin el Club Carreño de La Habana en 1915. No era la celebración de las fiestas patronales de Carreño el único fin que movió a mis bisabuelos y sus vecinos José y Marina a fundar el Club Carreño de La Habana. Como sucedía con tantas otras asociaciones y centros regionales de emigrantes españoles en América, había un fin benéfico entre los motivos para su creación. Se dedicaban a facilitar la vida de otros emigrantes que, recién llegados a Cuba, necesitaban casa, comida y trabajo. Así, las reuniones, celebraciones y festejos en el Club Carreño buscaban la generosidad de los emigrantes ya bien establecidos en La Habana, en forma de donativos, pago de cuotas como socios, asistencia a conciertos y bailes, festivales de zarzuela y comidas conmemorativas. Este gesto de generosidad del emigrante español en Cuba dista mucho de la imagen malintencionada que se ha pretendido asociar al indiano, como una persona avara, tacaña y miserable.

El triunfo de la Revolución Cubana en 1960 significó un cambio de vida radical en todos aquellos emigrantes. El Capitalismo se transformó en Comunismo en apenas pocos meses. La economía se estatalizó, se prohibió la propiedad privada y, lo que es mucho peor, desapareció la libertad del individuo. Se instauró un régimen dictatorial donde reina desde entonces el miedo, la miseria, la falta de democracia y el crimen de estado . Algunos tuvieron el arrojo de escapar de allí de vuelta a España, a los Estados Unidos, Costa Rica, México y otros países de Centroamérica y Sudamérica. Pocos años después del regreso a Candás de Manolo, el hijo de Anselmo y Concha, llegó la democracia a España. La nueva constitución y la legalización del PCE dieron alas a quienes ponderaban el socialismo como mejor opción de gobierno en el mundo. En ese momento proliferaba la propaganda castrista, las falsas bonanzas del régimen cubano y la imagen por doquier del Che Guevara en camisetas, banderas e insignias. La propaganda ensalzaba la imagen idílica del revolucionario barbudo, guapo, con boina y estrella roja. Nada más lejos de la realidad. Un tipo sanguinario que, tras el triunfo de la revolución, asesinaba a sangre fría a los estudiantes universitarios presos, defensores de la democracia, hasta que, cansado de apretar el gatillo, cedía el arma a alguno de sus milicianos para que continuara la sangría de jóvenes estudiantes maniatados que no habían tenido juicio alguno, para regocijo del Che.
Es fácil de entender la humillación profunda a la que estuvieron sometidos durante tantos años Manolo, el hijo de Anselmo y Concha, Angelina, mi abuelita de Cuba, mi madre, mi tía Berta y tantos otros descendientes de los primeros emigrantes de Carreño a Cuba.





La mal llamada Ley de Memoria Democrática se dedica a recordar de forma selectiva la figura de aquellos españoles a quienes la ley considera olvidados injustamente. El criterio para tal fin es malévolo, perverso e injusto, dígalo Zapatero, Sánchez o el sursuncorda. Para los benefactores del Club Carreño de La Habana, que tanto hicieron por cientos de emigrantes asturianos, ejemplo de generosidad, caridad y solidaridad, no pretendo ningún recuerdo desde las plataformas de la Ley de Memoria Democrática. Me parece más noble y digno mantener viva la verdad y la memoria sobre su figura e historia desde cualquier otro medio, incluido este humilde cuaderno de bitácora.
Carlos M. Prendes García-Barrosa
Genk, 29 de octubre de 2025.
















