El Príncipe Felipe también participa de la infame componenda.

(Esta entrada  expresa lo que siento tras la intervención de S.A.R. el Príncipe Felipe, en el acto de entrega de los Premios Principe de Asturias en Oviedo, ayer, 21 de octubre de 2011).

Ahondando aun más en mi indignación, escucho ayer en Oviedo al Príncipe de Asturias decir que «ETA reconoce su derrota en su comunicado». Busca el aplauso del auditorio hablando de «memoria y dignidad» en relación a las víctimas. ¿Y la JUSTICIA, su alteza? Me temo que se ha plegado usted a los deseos de Zapatero y Rajoy para evitar tan importante término en su discurso. Y yo creo que sin justicia, la memoria y la dignidad caen en saco roto. Parece evidente que Zapatero y Rajoy han aceptado el chantaje de los terroristas y van a dar los pasos necesarios para «flexibilizar la justicia» con los cientos de presos de ETA y con los muchos terroristas todavía pendientes de juicio. Muy mal Sr. Príncipe. Tengo que reconocer que, vista la reiterada falta de caracter, autoridad y, por qué no decirlo, valía, que demuestra habitualmente  su querido y egregio padre, era usted el único pretexto que me quedaba para seguir creyendo en la monarquía española como algo todavía válido en la España del siglo XXI.

Entre tanto despropósito, me alegro, al menos, de que ya todos se hayan quitado la careta. Me alegro de constatar que, ante la inmensa traición hacia las víctimas de ETA que están ejerciendo PSOE, PP y la Casa Real, nunca más me fiaré de estos partidos e institución. Me «repatea las tripas» constatar que mi país está dirigido por esta «asociación de traidores» y  me avergüenzo cada vez más de mi condición de Español.

                                                                               Carlos-M. Prendes

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Memoria, dignidad y justicia.

Me siento inmensamente decepcionado, indignado y asqueado con las reacciones del Presidente del Gobierno, el Jefe de la Oposición y el Rey en relación al panfleto de ETA anunciando el fin definitivo de la violencia. Panfleto que supedita el fin de la violencia al cumplimiento de las condiciones que ellos, los terroristas, ponen. Ya nos las explicarán cuando manden en el parlamento vasco. Eso es lo que les han entregado Zapatero y Rajoy. El poder político en el País Vasco. Y luego vendrá la independencia. Zapatero y Rajoy son unos traidores. Al final, las víctimas tendrán que arrodillarse delante de sus verdugos. Esos que brindaban con champán en las cárceles, cuando sus compinches destrozaban la vida a cientos de familias, son ahora «gente de paz». Y estos líderes políticos de pacotilla y otros cuantos «monigotes mediadores internacionales», haciéndoles el «caldo gordo». Yo no me olvido de la sensación de impotencia y tristeza que tuve cuando veía en la televisión a Irene Villa con la cara y la ropa chamuscada sin poder incorporarse porque le habían mutilado el cuerpo y la vida estos salvajes.

Tampoco me olvido de la angustia que sufrí cuando pensaba en Miguel Angel Blanco  arrodillado con las manos a la espalda amarradas, esperando a que se cumpliera el plazo que le habían puesto a su vida para recibir un par de tiros en la nuca. Ni me olvido de las caras de los hijos de Alberto Jiménez Becerril y Asunción García en el funeral de sus padres a quienes estas acémilas acribillaron a balazos mientras paseaban por Sevilla.

Si los políticos que nos gobiernan, sean del partido que sean, no ayudan a que se imparta justicia, no hacen que esta gentuza pague en la carcel por sus crímenes, renigo de ser español.

http://www.ondacero.es/audios-online/herrera-en-la-onda/opinion/comentario-barbeito-como-van-entregar-armas-que-entregan-cara_2011102100028.html

                                                                                      Carlos-M. Prendes

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Seguimos en contacto.

No me acostumbro a estar sin ti. Sin embargo, y sé que esto es lo que quieres saber, cada vez con más frecuencia, cuando empiezo a echarte de menos porque quería  contarte tal o cual cosa, quería saber tu opinión con respecto a tantas otras, también noto que estás muy cerca de mi, obligándome (tú siempre tan “mandón”…) a no desfallecer, a hacer lo que toca en cada momento. El tan renombrado por ti, y no por ello menos cierto, “sentido del deber”. Así que, para que tú estés tranquilo, debes saber que los momentos de tristeza por habernos dejado tan sin avisar, tan de sopetón, van pasando a ser momentos  en los que, si empiezo sintiéndome inquieto y distraido recordando tu marcha, luego, muy pronto, te noto cerca de mi alentándome para que no desfallezca.

En “casa” me da la impresión que todos han ido evolucionando en su estado de ánimo de forma similar a como ha sucedido conmigo. No tienes que estar preocupado. A pesar de que conoces muy bien a mamá, te diré que tienes que estar más orgulloso de ella de lo que ya acostumbras a estar. Ha cogido con firmeza el timón de la nave y puede con todo. Está muy fuerte y no deja de sorprendernos.

Como nos pediste, mientras te afanabas en tu rehabilitación y planeabas el comienzo de la nueva temporada con Los Gorilas, estamos empezando a “funcionar”, teniendo en cuenta que tu presencia en los entrenamientos, aunque no física, será diaria. Los piragüistas del club ya te notan merodeando por sus cabezas mientras corren, hacen gimnasia o palean. No es complicado verles debatir mentalmente contigo. Algunos, los más jóvenes, lo han pasado mal en la reunión de inicio de temporada. Aunque físicamente no nos diferenciamos mucho (si bien lo de dejarme el bigote, no lo tengo todavía claro), e intenté darle a esa reunión el enfoque que tú siempre le dabas, más de uno de esos bisoños palistas se dio cuenta en la reunión que de verdad ya no estabas… Tras los entrenos del club, tú siempre volvías a casa a cenar especialmente contento cuando la asistencia había sido elevada y los chavales se habían partido el alma en cada tarea. Estos últimos días, tras leer los mensajes que me mandaban “los mayores” sobre lo bien que había salido todo en “el poli”, te he vuelto a notar como en tantas otras ocasiones en el pasado, diciéndome: “Carlos, tenías que haber visto hoy el entrenamiento de Los Gorilas. ¡Pfffff…!. No faltó ninguno y entrenaron como jabatos”. A fuerza de ser sincero, nos has dejado un buen “marrón”. Ahora nos estamos dando cuenta, más que nunca, de todo lo que abarcaba tu labor en el club. Dicho esto, estamos dando los pasos necesarios para distribuir el trabajo, entre todos los que quieren que “esto” siga adelante. Y no son pocos, papá. Tanto en la parcela técnica como en la directiva, tenemos el “cotarro” más o menos perfilado. Me imagino que cuando surjan dudas en esta difícil empresa que acometemos, también te harás notar para echar un cable.

Seguimos en contacto.

Un beso muy fuerte.

Carlos

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Sobre imbéciles y malvados (Arturo Pérez Reverte)

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/617/sobre-imbeciles-y-malvados/

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«Tears in heaven» / «Elegía»

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“No me falléis” (Amando-E. Prendes Viña)

Cuando recibí la inesperada noticia de la muerte de mi padre, la reacción primera fue de dolor. Dolor inmenso. El dolor que describía de manera tan cruda y hermosa Miguel Hernández en su Elegía a Ramón Sijé: “Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento.” Paso a paso, y en relativamente poco tiempo, el dolor dio paso a la esperanza, a la tranquilidad, al sosiego.

Mi padre cultivó durante toda su vida la fe en Dios. La cultivó y dio testimonio de esta fe tanto como pudo. En su juventud, cuando la educación en la escuela y los institutos adoptó el ideario que marcaba el nuevo régimen político instaurado tras la Guerra Civil, mi padre se topó con varios hombres buenos, sacerdotes católicos, que le ayudaron a interpretar el mensaje del evangelio desde una óptica absolutamente humana y cercana a la realidad de la sociedad de aquel momento. No eran éstos, curas carcas con mentes enfermizas y reprimidas como  nos quieren hacer creer malintencionadamente que eran todos los de esa época, algunos intelectuales y periodistas con gran tirón mediático.  En más de una ocasión mi padre sintió dudas sobre la responsabilidad que caía sobre él y quiso “tirar la toalla”. No sabía si estaba capacitado para afrontar la tarea que se planteaba, de liderar proyectos educativos, socio-culturales, en beneficio de la juventud y la sociedad en la que vivía. Esos hombres buenos, en distintas etapas de su vida, de forma eficaz y continuada, le ayudaron a entender el sentido de la vida, desde una óptica cristiana. Le ayudaron a entender que Dios le había asignado a él esta misión y debía completarla durante toda su vida.

Hace algunos meses, en una sesión de trabajo con un psicólogo deportivo, hablando de la responsabilidad, la capacidad de sacrificio y el esfuerzo, le comenté al colega el lenguaje que utilizaba mi padre para explicar estos términos a los jóvenes. Mi padre hablaba del “sentido del deber”.  Él sabía que tenía una misión en la vida que cumplir, una responsabilidad. Y a ello dedicó toda su vida. Con mi madre, con sus hijos, familiares, amigos, piragüistas, vecinos, etc. Ese deber era el colaborar en hacer hombres buenos. Hombres y mujeres libres, independientes, difícilmente manipulables, responsables, respetuosos, inconformistas, entusiastas, cariñosos, exigentes consigo mismos, etc. Valores que intentaba inculcar desde la óptica cristiana, con las limitaciones que tenía su formación académica. No tan amplia  como él quiso, precisamente, por haber asumido en su juventud el deber que tenía hacia su padre y familia en la necesidad de impulsar el negocio familiar, lo que impidió que completara su formación académica.

El haber desarrollado hasta su muerte esta labor educativa de forma tan provechosa (a decir de tantos amigos y conocidos suyos los últimos días) es lo que yo creo que me ha hecho asumir la “repentina” muerte de mi padre con serenidad. Completó su paso por la vida de forma plena, intensa y provechosa. En el entorno familiar, profesional y deportivo. Hizo lo que quiso hacer de forma muy intensa. “A tope”. La tarea que el entendió desde joven que se le había encomendado en esta vida. Y como al finalizar cada proyecto, en este caso el proyecto de vida, toca evaluar lo realizado. No puedo por más que pensar que mi padre se ha ido con la “satisfacción del deber cumplido”, otra de sus “frasecitas”,  tan repetidas en sus famosas reuniones con los deportistas del Club Los Gorilas.

Y como él tenía muy claro que todo no se termina aquí, los que le conocisteis sabéis que en su nueva morada, él está ya comprobando que seguimos nosotros también completando nuestro proyecto vital. Yo ya le siento cerca de mi, diciéndome al oído: “no me falléis”.

Foto de Aladino Cuervo. Amando Prendes y Emilio Llamedo. Trabajaron codo con codo, toda su vida, en favor del Piragüismo. ¿Se habrán puesto también de acuerdo para hacer juntos el último viaje...?

(Quiero aprovechar el texto para agradecer todas las muestras de cariño que mi familia y yo hemos recibido desde la muerte de mi padre).

Carlos-M. Prendes García-Barrosa                                                       

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Szeged 2011 – Campeonato del Mundo de Piragüismo

Faltan pocas horas para que de comienzo el Campeonato del Mundo de Piragüismo. Un campeonato muy esperado por ser clasificatorio para los JJOO de Londres 2012. La participación no puede mejorarse. Están los «grandes», los muy buenos, los buenos y los no tan buenos. Muchos. Muchísimos. Hasta 94 paises participantes. La expectación es enorme. Y el motivo no es otro que la gran dificultad para conseguir la clasificación olímpica. Cada vez menos cuota para el Piragüismo de Pista en los JJOO y mayor número de candidatos. El mínimo error en cualquiera de las semifinales o finales dejará a cualquiera, incluso a aquellos con «gran nombre», fuera de la clasificación. El nivel competitivo se presume altísimo, como nunca antes se haya visto. Si las condiciones climáticas acompañan, los tiempos pueden ser «de escándalo». Dicho ésto, como el dios Eolo se empeñe en «joder la marrana», más de una sorpresa veremos en las finales cuando éste sople de lado y las calles próximas al graderío se encuentren resguardadas del empuje lateral del viento.

Y para hacer el espectáculo más grandioso, los húngaros se han esmerado en la organización del evento. Todo parece controlado para tan gran número de participantes: los alojamientos, los transportes, las acreditaciones, el estado de la pista, los hangares, el seguimiento de las pruebas para técnicos y deportistas a través de pantallas de plasma por doquier, asistencia de público en las finales que se espera de hasta 40.000 personas en las gradas y orillas de la pista (ya se me ponen los vellos como escarpias…), el interminable «showroom» con la presencia de distribuidores de embarcaciones, palas o  cualquier  otro complemento necesario para palear, una carpa inmensa con un catering más que aceptable y servido rápido, un servicio de seguriadad infalible, un seguimiento mediático nunca visto en el Piragüismo (televisión, internet, radio, reporteros gráficos, etc.), el sol en todo lo alto, los servicios técnicos de los fabricantes con mayor despliegue que nunca y seguro que más de una sorpresa de los organizadores para amenizar los «tiempos muertos».

Hace apenas unos minutos les he dicho a mis deportistas que no queda otra que disfrutar de la competición. Que todo lo que tenían que hacer, está hecho. Es muy probable, les dije, que si hubierais pensado en el invierno «¿cómo me gustaría llegar al mundial de forma?», sería de forma similar a como os encontráis ahora. No habéis tenido contratiempos del tipo de lesiones o enfermedades graves, la puesta a punto os ha dado información muy positiva y durante la temporada no habéis hecho otra cosa que «crecer» como piragüistas de élite. Así que, chavales, no dejéis que el enorme escenario preparado os intimide, pensar en cada momento qué es lo que toca hacer  y ser muy felices en la lucha por vuestro objetivo.

Saludos desde Szeged (miércoles, 17 de agosto de 2011, 21: 50 horas).

Carlos-M. Prendes

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Gracias, Emilio Llamedo

(Me arrepiento de no haberle dicho en alguna reciente ocasión a Emilio Llamedo lo que ahora os cuento.  Y ya que no encontré la ocasión ni tuve el suficiente valor para decirle lo mucho que agradezco su contribución al desarrollo del Piragüismo Asturiano y Español, se lo digo  ahora desde esta tribuna. Supongo que también lo hago para atenuar el dolor que siento por la repentina marcha de quien tanto apreciaba y respetaba).

Querido Emilio.

Te has ido sin avisar. Me da la impresión que el hermetismo en las noticias sobre qué era lo que te pasaba, también fue una orden tuya a aquellos que habitualmente te rodean,  para no hacer sufrir a tantos amigos a quienes querías ahorrar el mal trago.  Si no fuera por lo macabro que suena en estos momentos el dicho, podría aplicársete lo de “genio y figura hasta…”. 

A finales de los años ochenta, cuando el liderazgo del Piragüismo Asturiano empezaba a ser cuestionado por los piragüistas castellano-leoneses y gallegos, mucho más apoyados por sus administraciones, contribuiste decisivamente a mantener el gran nivel del Piragüismo Asturiano con tu gestión al mando de la Federación Asturiana y la Vicepresidencia en la Federación Española. Mucho menos dinero que otros, pero mucho coraje, mucha determinación para defender (que me perdonen Marisa y tus hijos) aquello que más querías. Gracias a tu insistencia ante las administraciones, pasamos en poco tiempo de la precaria situación que ofrecía el Palacio Conde de Peñalver a la comodidad del Centro de Tecnificación en el embalse de Trasona.  Me consta que en la Dirección Regional de Deportes, en el CSD y en la Junta Directiva de la RFEP, tenían que agarrarse los machos cuando  reivindicabas algo justo para el Piragüismo y no había la receptividad que merecían tus propuestas.

Los palistas asturianos, sabíamos que si había alguna dificultad durante la temporada en la  concentración del Equipo Nacional, siempre  encontraríamos tu ayuda para solventar el problema o poder entrenar en buenas condiciones en Trasona. Ya buscarías tú la forma de ajustar el presupuesto para que todos los palistas que lo solicitaran dispusieran de  embarcación, programa, entrenador, alojamiento, alimentación, atención médica, etc.

Y todo esto, y mucho más, viniendo de un “riachuelero”. Un paisano del oriente, de los que arrastran el culo en piragua por los “regodones” del río y que se partía el pecho por defender  también a los piragüistas de pista. No siempre el término “paisano” se ajusta tan bien a la personalidad de quien nos queremos referir, como contigo. Paisano,  que viene de quien es del “país”. De Asturias. Asturiano hasta el tuétano, bonachón, exigente contigo mismo y con tus subordinados, “mandón” y autoritario (en el buen y necesario sentido) cuando procedía, querido y respetado, simpático, afable,…

Cuando acudías a los grandes eventos internacionales, los Campeonatos de Europa o del Mundo de pista, como Jefe de Equipo, del Equipo Nacional Español, todos sabíamos, mucho más los asturianos, que estaríamos muy bien atendidos. No nos faltaría de nada durante la competición. Y sobre todo, no nos faltaría tu cariño y apoyo incondicional. No te hacía falta titulación académica en psicología deportiva para saber decirnos en momentos de tanta tensión, la palabra adecuada con el gesto más oportuno,  que acababa tranquilizándonos o poniéndonos en situación para hacer lo mejor por nosotros mismos o nuestro equipo.  Lo primero para ti eran los deportistas. Protagonismo para ti, ninguno.

Y te has ido, “Milio”. Para siempre. En vísperas de “tu Sella”, nuestro Sella. No me cabe duda que habrás luchado lo indecible para evitar a tantos amigos el mal trago de hacer coincidir tu marcha con el descenso. Querías marcharte discretamente. Y no ha podido ser. Ya tiene que haber sido grave el “desarreglo” que tenías dentro de ti, para que haya podido con tus ganas. Esta vez no te has salido con la tuya. El que todo lo gobierna, habrá decidido que tu mereces algo más que un salir por la puerta de atrás y te ha abierto la puerta principal en la semana del Descenso. Para que “ todos…, todos…, todos…”  (rememorando el famoso reclamo de Dionisio de la Huerta en su pregón) te recordemos convenientemente y te agradezcamos como se merece, en el momento adecuado, durante el Descenso del Sella, tu gran aportación al Piragüismo Asturiano y Español.

Que Dios te bendiga, amigo.

Carlos-M. Prendes García-Barrosa.

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En torno a la estética del Piragüismo

La búsqueda  de la felicidad nos tiene ocupados de por vida.  La práctica deportiva nos sirve a muchos para intentar conseguir “moderadamente” este anhelo. Las motivaciones para practicar deporte son muy diversas. La principal, indudablemente, es el deseo de cumplir objetivos, de mejorar el rendimiento paso a paso, competición a competición, temporada a temporada. No podemos ignorar otras motivaciones que impulsan a la práctica deportiva: la búsqueda del éxito,  la necesidad de mejorar nuestra salud, el deseo de incrementar nuestro nivel de condición física o el gusto por perfeccionar nuestra fisonomía.

También encontramos motivos para ser felices descubriendo la belleza a través del deporte.  Todos recordamos momentos estelares en la historia del deporte, grabados para siempre en nuestra memoria a través de imágenes realmente hermosas: las luchas entre Perico Delgado y Claudio Chiappucci en las etapas montañosas del Tour de France, las interminables piruetas de Nadia Comaneci o Mary Lou Retton en la competición gimnástica de los JJOO, los amplísimos recobros aéreos de brazos de Michael Gross mientras nadaba mariposa en la pileta de natación, la gracilidad y perfecta coordinación de movimientos en la carrera de Carl Lewis sobre el tartán, etc.  A los piragüistas de mi generación nos dejaba “embobados” contemplar el “porte” y la elegante forma de palear de Herminio Menéndez.

Ya en la Grecia clásica, los Juegos Olímpicos, además de servir a espartanos y atenienses para tomarse un respiro en sus interminables guerras cuando se establecía la tregua sagrada, tenían un componente estético importante. Las distintas pruebas deportivas dilucidaban quienes eran los campeones, a los que se colocaba la corona de olivo que les distinguía como tales. Los antiguos griegos honraban a los campeones a la vez que disfrutaban de la belleza de los hermosos  cuerpos de sus atletas, la armonía de sus movimientos y el disfrute de las competiciones en recintos singulares enmarcados en el entorno natural.

El que yo acabara sintiendo una atracción especial por el  Piragüismo fue un proceso lento, con altibajos. Tengo que reconocer que, sin que fuera empresa fácil, dado el denodado empeño de mi padre por engancharme a la piragua en mi tierna infancia, intenté varias veces abandonar la empresa. Sin saber todavía nadar muy bien, me producía pavor el cruzar de lado a lado la presa del pantano de Trasona con más que evidentes dificultades para mantener el equilibrio en la piragua de turno (lo del chaleco obligatorio  para los benjamines y alevines, no existía de aquella). Cuando paleaba hacia la otra orilla del embalse se me pasaban por la cabeza imágenes terribles que terminaban a veces conmigo  siendo arrastrado por el chorro enorme que escupía la presa hacia la acería ENSIDESA. Por aquel entonces los alevines usábamos las peores piraguas de la flota de Los Gorilas. Sin ninguna seguridad de que estuviera colocado en el justo centro, el asiento se “sujetaba” a la embarcación colocando una esponja húmeda entre éste y el casco de la embarcación. De haber reposapiés, muy probablemente no lo alcanzábamos con los pies. Que el “timón de cola” fuera recto, ya era mucho pedir. Así que, con este panorama, lo de evitar un vuelco tras otro era, para un principiante, una empresa bien complicada, más aun cuando no dejabas de “temblar” por el miedo que te ocasionaba el pensar que podías acabar “afogao” en el intento…

 

Cuando ya empezaba a cogerle “gustillo” a aquello de desplazarme con mi piragua por las orillas del embalse, aparecieron los amigos del club Los Gorilas. Tres o cuatro de éstos, influyeron decisivamente en mi vida deportiva. Joaquín Carrera me hizo ver que las victorias, con “elegancia”, con “clase”, eran más victorias. Me enseñó a cuidar mi piragua y mi pala. Me enseñó, en definitiva, a descubrir el lado bello del Piragüismo. A Carrera me unía su especial forma de entender el Piragüismo y la casi devoción (Dios me perdone…) que sentíamos los dos por Serrat. Sin saber exactamente de dónde venía su gusto por la carpintería (sospecho que tiene alguna relación con los famosos carpinteros de ribera gozoniegos) me entusiasmaba verle trabajar con formones y gubias, dando forma a las proas recién reparadas de nuestras piraguas de madera fabricadas por Antonio Cuesta en Ribadesella o nuestras preciosas palas “Wilbur” húngaras.  Para Carrera no era lo mismo entrenar o competir con la pala, ya estuviera ésta impecable o por el contrario “hecha unos zorros”.

Cuando tocaba poner la  pala a punto para el comienzo de otra temporada, Carrera tenía un protocolo de actuación perfectamente definido para dejar ésta lista para competir de nuevo. El primer paso era arreglar las posibles “grietas” en la madera. Con enorme habilidad y cuidado, y con la ayuda de un pequeño formón muy bien afilado, dejaba al descubierto toda la extensión de la “herida” en la madera para después rellenar el hueco con resina de epoxi. Una vez culminada la reparación de las grietas, el siguiente paso era  el lijado del antiguo barniz. Había que tener cuidado para no llevarse más que el barniz, sin alcanzar la madera ni desfigurar los bordes de las hojas. A continuación, tocaba limpiar bien la madera para que no quedara ni una mota de polvo. Antes de barnizar la pala había que escoger el barniz y la brocha adecuada. Recuerdo que a mi “maestro” le gustaba un barniz que se llamaba “International” porque el brillo y el aspecto que se conseguía al final del proceso en la pala, no era igualado por ninguna otra marca. En el caso de la brocha, se trataba de escoger una que no soltara ni un pelo que afeara el barnizado. La primera capa de barniz era más “gruesa” que las que se darían posteriormente. Para el secado colgábamos las palas verticalmente con un “sedal” de pescar anudado alrededor del punto donde se unía la pértiga con una de las  hojas. Tras el secado de esta primera capa, se volvía  a lijar la pala entera, esta vez, apenas una “pasada”  con una  lija de agua muy fina. Para completar la faena, se aplicaban una o dos capas más de barniz, “estirándolas” muy bien. Completado el secado, nadie se atrevía a discutir que la pala de Carrera era la más guapa, la mejor cuidada. Con mi amigo se cumplía, indudablemente, el dicho popular de que “las cosas bien hechas, bien parecen”.

Nuestra atracción por la hermosa pala “Wilbur” de madera, llegaba a rozar el “fetichismo”. Carrera “montaba en cólera” cuando en los viajes a las competiciones, al descargar el material de la furgoneta o el autobús, su pala, a pesar de ir impecablemente enfundada, no era tratada con el debido cuidado. Nos decía Joaquín a las “jóvenes promesas” del club: “a la pala hay que cuidarla como a la moza, siempre agarrada cerca de uno y ay de aquel que se atreva a meterle mano”.

                                                                Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

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El «tesoro» de Benita, Josefa y Concha

Hasta que la corporación municipal decidió reconstruir la Casona de los Estrada para convertirse en el Museo Antón, la obra del escultor tuvo los mejores guardianes en las figuras de sus hermanas, Benita, Josefa y Concha. Las dos primeras vivían en un pequeño apartamento en el mismo bloque en el que yo vivía con mis padres, en Candás, en la calle Barceloneta, muy cerca de la fuente Santarúa. Con cierta frecuencia me encontraba con aquel “tesoro” en frente de mis ojos. Ya fuera que mi madre o mi tía Berta, quién vivía puerta con puerta con las hermanas de Antón, estuvieran hablando con alguna de ellas en las escaleras o coincidiera, por cualquier otro motivo, que la puerta de su apartamento estuviera abierta, te encontrabas con la decoración tan especial de las vecinas. Con apenas cinco o seis años, a finales de los sesenta, poco podía imaginar que su hermano había sido quien había hecho con sus propias manos aquellas figuras preciosas. Recuerdo aquellos bustos, tan finamente rematados en los rasgos más delicados del rostro, encima de los muebles de la casa. Otras esculturas no tenían más remedio que reposar en el suelo por el gran tamaño de las mismas en relación a las modestas dimensiones del apartamento de las hermanas de Antón. ¿Cómo podían desenvolverse eficazmente aquellas tres mujeres entre tanta escultura en un espacio tan reducido? Y el caso es que, a pesar de las apreturas, el conjunto escultórico estaba distribuido ordenadamente por las distintas habitaciones y con cierto gusto en la presentación para quien tuviera la suerte de disfrutarlo. Y es que, al lado de las representaciones de Antón te encontrabas con preciosas plantas de interior que resaltaban aún más la belleza de las obras del malogrado artista. Sin restar un ápice de sufrimiento a Benita, Josefa y Concha, por lo que significaba la ausencia definitiva del hermano querido, la posibilidad de sentirse cada día tan cerca de su precioso legado artístico, suponía un pequeño consuelo y les permitía recordar a través de sus creaciones a quien tanto querían.

Retrato de Carlos Prendes García, mi bisabuelo, realizado por Antón en la Iglesia de Candás durante su cautiverio en la Guerra Civil (http://www.museoanton.com/).

Carlos-M. Prendes García-Barrosa

Con motivo del Centenario del nacimiento de Antón; 5 de Mayo de 2011

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