Memorias de la Regata Internacional de Racice-1991.

El E.N. Belga de Piragüismo inicia el calendario de competiciones internacionales del ciclo olímpico Río 2016 con la II Regata de Copa del Mundo en Racice (República Checa).  La lejanía de los periodos “críticos” de selección me hacen estar tranquilo y pensando, en ocasiones, en cosas distintas a las tácticas de regata, la dirección y fuerza del viento, los rivales en esta u aquella eliminatoria, etc. Mientras seguía relajadamente en mi bicicleta a los palistas en la soleada tarde, recordaba la primera vez que estuve en este campo de regatas. Fue en 1991. El viaje a la regata se convirtió, desde el principio, en una auténtica odisea. El equipo español  viajó temprano, en coche, desde  nuestro lugar de concentración en “El Pino”, en Pelayos de la Presa (Madrid)  a Barajas. Los billetes estaban en poder de Eduardo Herrero,  quien tenía que estar esperándonos en el aeropuerto. Se fue acercando la hora del vuelo  y Eduardo no llegaba. El caso es que empezó el embarque, Eduardo no apareció y perdimos el vuelo. La versión oficial indicaba que, cuando esperaba un taxi en la calle, cerca de su casa, una inoportuna indisposición acabó con Eduardo desmayado en el suelo y con su tobillo maltrecho.  Nosotros, el equipo, nos quedamos  sin vuelo a Praga ese día, que era el último antes del inicio de la regata. En el aeropuerto pudimos comprar billetes  para viajar unas pocas horas más tarde a Frankfurt  y desde allí iríamos hasta Racice en autobús. El plan no sonaba mal y si todo salía bien, llegaríamos a tiempo para pasar la noche en Racice antes de que diera comienzo la regata. El resultado final fue bastante peor: el conductor alemán del autobús se perdió en una vasta zona rural checa sin señalización clara cuando ya anochecía. La cena de esa noche se redujo a una salchicha con un pegote de mostaza y un mendrugo de pan en un “barucho” a la vera de la carretera. Cuando volvimos a circular, la orientación del conductor, los mapas y las referencias de quienes vivían cerca de la carretera, no ayudaron a encontrar el camino correcto a Racice. Nos hartamos de dar vueltas y al final se decidió que lo mejor era parar a dormir unas horas en el autobús.  Cada cual se puso la ropa que pudo para combatir el frío. Hubo quien acabó envuelto  en papel de periódico. Recuerdo que Juanjo Román y Fredy Bea amenizaron la noche con mucha “guasa” y doble de ironía… El que no estaba para bromas era Tibor Tatai, el entrenador de la canoa. Cuando se dio cuenta que allí nadie tomaba la decisión acertada, que el chófer era un torpe y que no acabaríamos durmiendo en el hotel  la noche antes de empezar a competir, se vino para la parte de atrás  del autobús, lejos del resto del cuerpo técnico, y estuvo un buen rato jurando en arameo (en húngaro) contra los responsables de aquel desatino.  Cuando comenzó a amanecer,  el chófer se puso de nuevo en camino y entonces sí, un aldeano, nos dirigió por el camino correcto a la pista, que resulta que no estaba tan lejos. Aunque el inicio de la regata se retrasó unas horas para esperar por nosotros (los españoles siempre dando la nota…), los que competíamos  en 1.000m no tuvimos la suerte de quienes paleaban 500m. Éstos pudieron dormir unas horas en la residencia (de calidad ínfima…) antes de ir a la pista.

Racice

Paradójicamente, a pesar de todos los contratiempos, fue en esta regata donde conseguí mi más notable rendimiento de entre todas en las que competí con el Equipo Nacional Español. Tanto en K-1 1.000m como en K-1 10.000m estuve en el pódium. Cuál fue mi sorpresa cuando la presea que recibimos no era metálica sino que ¡era de galleta!, y mucho más grande de lo normal. Tenía su cinta, su inscripción de la regata en azúcar y estaba envuelta en celofán.  Pero siendo de galleta y teniendo por tanto fecha de caducidad, ¡maldición!,  aquella importante medalla para mí, resultado del buen rendimiento en la regata, no podría acabar en la lata donde reposaban el resto de mis medallas y las historias que acompañaban a cada una de ellas. El caso es que pude llevarme un premio mejor que aquel de la regata gracias al acuerdo al que llegó  mi entrenador,  Gyula Fusessery, con el entrenador de Attila Szabó (eslovaco que remaba por aquel entonces por Checoslovaquia) por el cual, si yo ayudaba a Attila a ganar el 10.000m K-1, y así pudiera llevarse él un premio que ofrecía la organización de la regata al ganador de la clasificación por puntos en la regata, yo sería por ellos compensado. El premio que se llevó Attila al ganar finalmente la prueba de fondo y la clasificación general, fue un ciclomotor y yo, que acabé segundo en el 10.000m, recibí, además de mi segunda medalla de galleta, el jarrón de cristal de bohemia que Attila recibió como ganador del diez mil y que me entregó nada más bajar del pódium. El jarrón no acabó al lado de mis medallas, pero si ocupa lugar importante entre mis trofeos, como recuerdo de aquel buen momento de forma en mi carrera deportiva con el Equipo Nacional y como recuerdo también de aquel desafortunado primer viaje a Racice.

Racice; 15 de mayo de 2013.

Carlos-M. Prendes Gª-Barrosa

Acerca de cime1234

Sprint Head Coach Belgium Flatwater Canoeing National Team Presidente del Club Piraguas Los Gorilas de Candás https://cime1234.wordpress.com/ cime1234@hotmail.com
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