Yo si tuve buenos maestros.

A medida que siento la implacable  llegada de la decrepitud (por fortuna, hasta el momento, más física que intelectual), dedico más tiempo a analizar lo que ha ido pasando con mi vida y lo que todavía falta por hacer. Tengo la impresión de que (s.D.q.) interesantísimos proyectos están aún por venir. Esos proyectos engloban cuestiones de tipo profesional y otros, los más apasionantes y decisivos, afectan a mi ámbito privado. Son los que se refieren a la educación de mis hijos. Y es en ese punto dónde los pensamientos me llevan a comparar lo que yo recibí en cuanto a educación básica, la de la E.G.B. y el B.U.P. más la que “mamas” de tu entorno familiar próximo, y lo que mi mujer y yo, con la también importantísima influencia que aportan sus abuelos y demás familia, podemos ofrecer como complemento educativo a la actual Educación Primaria y Secundaria que reciben mis hijos en sus colegios. Es evidente que entre las escuelas de los 70, ya en el siglo pasado, y la del Siglo XXI, existen enormes diferencias. Los contenidos y las metodologías han variado sustancialmente. Leemos con frecuencia a periodistas y enseñantes sobre el riesgo que corren nuestros hijos al ser tan técnicos y especializados los enfoques de la educación actual. No tengo claro que el éxito o fracaso de la educación primaria o secundaria y la correcta preparación para comenzar la verdadera especialización que encontrarán en la universidad, dependan tanto de este enfoque distinto en el sistema educativo. Creo más importante el complemento a esa carga educativa  escolar  que deben  recibir  los hijos en su “entorno de socialización primaria”, en su “casa”.

Y no quiero repetir, por consabido, lo importante que es educar, tanto en el colegio como en casa, en los buenos modales, en la buena conducta, en la cortesía, en la disciplina, el respeto, etc. Lo que si quiero es comentar la positiva experiencia propia, que ahora intento repetir con mis hijos, en relación a la necesidad de completar la educación escolar con la ayuda de otros “maestros”.

Esos maestros que me enseñaron a disciplinarme en el trabajo diario en casa. Ya hubiera pocos o muchos “deberes”. Ya hubiera mañana examen o no, amigos jugando en la calle o tal o cual programa en la tv. Esos maestros que me “tomaban la lección” antes de ir a entrenar. Los que me levantaban temprano antes de desayunar para darle el último repaso a la lección. Los que me pertrecharon de libros, espacio adecuado, herramientas  y confianza para poder estudiar eficazmente en mi casa. Unos maestros que se movían entre la enorme exigencia y la determinación para acostumbrarme al esfuerzo que tenían claro que me ayudaría a afrontar cualquier reto posterior en “la vida adulta”, y el cariño y la motivación constante para también sentirme respaldado en la lucha por conseguir mis objetivos académicos.

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Y como si fueran una prolongación del maestro que encontraba en el aula, en mi casa también tenía quien me hiciera con mucha frecuencia un dictado que luego fuera corregido a mi lado para entender mejor los errores ortográficos y gramaticales. Tenía quien, siguiendo la recomendación de Doña Amadora, me obligara a practicar mi caligrafía en los cuadernos de “Rubio”. Quien me dijera cómo debía reposar el bolígrafo en los dedos para escribir mejor según exigía Don Pedro Chicote o quien me explicara aquel capítulo de “La Colmena” que había pedido comentar la Srta. María Jesús. Mis “profesores particulares” se habían esforzado en priorizar a la hora de gastar, para ofrecernos, a mis hermanos y a mi, una biblioteca a donde echar mano en caso de que fuera necesario. Si el tema de “Sociales”, “Lengua” o “Naturales” lo exigía, la Enciclopedia Larousse, la de Ciencias de Salvat , “The Oxford Universal Dictionary” y muchos otros maravillosos libros, estaban muy a nuestro alcance para ampliar nuestro conocimiento de las  cosas.

Maestros en casa que no solo me guiaban en los procedimientos y la metodología, sino que también tenían el nivel cultural adecuado para corregirme cuando citaba al Jarama como afluente del Guadiana y no del Tajo, o  cuando situaba equivocadamente a Godoy al lado de Felipe V  y no de Carlos IV.

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Y cuando mis “maestros particulares” encontraban limitaciones para ayudarnos personalmente en la muy responsable tarea de educar, se ocupaban de buscar e invertir tiempo y dinero en cualquier otro tipo de complemento, ya fuera una academia, un curso de idiomas, un viaje al extranjero  o un campamento en la época estival que permitiera abrir aún más ante nuestros ojos el mundo por conocer.

Tan allá vuela mi pensamiento que sólo espero que en otro puñado de años, cuando a mis hijos les toque reflexionar como ahora lo hago yo, se sientan tan agradecidos a sus padres, a sus maestros,  por su labor educativa, como yo lo estoy ahora a los míos por el mismo motivo.

Carlos-M. Prendes García-Barrosa

Acerca de cime1234

Sprint Head Coach Belgium Flatwater Canoeing National Team Presidente del Club Piraguas Los Gorilas de Candás https://cime1234.wordpress.com/ cime1234@hotmail.com
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