En memoria de mi tía Berta García-Barrosa Candia.

Como tantas veces sucede, la muerte llega de forma repentina, sin avisar. Así sucedió con el fallecimiento de mi tía Berta. Esta circunstancia y el estar lejos de los míos en su despedida, me hizo recordar con sorprendente claridad muchos momentos vividos a su lado. La emoción y el dolor por la ausencia de mi tía Berta, me ha hecho comprender mejor etapas de mi vida a su lado que transcurrieron con la sensación de que todo aquello era de lo más normal, cuando no fue sino algo excepcional, singular y maravilloso. Nunca, antes, entendí el privilegio de tener dos madres. María de Lourdes, mi madre biológica y Berta, mi madre putativa.

El inesperado fallecimiento de Berta ha dejado pendientes unas cuantas conversaciones entre mi tía Berta y yo, que serán ahora en las alturas. La discreción que heredó de Angelina, su madre, no impedía que me informara de asuntos de mucha enjundia que a otros solo dejaba entrever. A diferencia de mi madre, María de Lourdes, y la suya, Berta sí era capaz de relatar asuntos trascendentales de su vida, sin pelos en la lengua.

Durante la pandemia del COVID-19 nos hemos hartado de oír hablar de la resiliencia, porque las restricciones que nos obligaban a protegernos del bicho, también nos obligaron a adaptar sustancialmente la forma de vida. A mi tía Berta le sobraba resiliencia. En realidad, su vida es una cátedra de resiliencia.

Los primeros y trascendentales sucesos que obligaron a mi tía a hacerse fuerte, resistente y resiliente son dignos de un buen guión cinematográfico. La escena transcurre el 8 de enero de 1959 por las calles de La Habana. La población se agolpa en las calles para recibir a Fidel Castro, el Che, Camilo Cienfuegos y sus guerrilleros, celebrando la victoria sobre el ejército del dictador Batista. Dos mujeres jóvenes, hijas de la inmigración española y pertenecientes a la clase media habanera, vitorean, al lado de cientos de miles de personas, a Castro y su ejército, con la alegría e ilusión de quienes creen recibir la libertad, la paz, la democracia y la seguridad para el pueblo cubano. La rebeldía propia de su edad les hizo ignorar los deseos y la voluntad de su familia, que ya desconfiaba de Fidel desde sus tiempos de líder estudiantil y les advirtieron de no mezclarse con aquellos revolucionarios sospechosos. Con la complicidad de un pariente suyo, se vistieron en su casa con blusas rojas y faldas negras, como habían pedido los guerrilleros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio a quienes les fueran a recibir a su llegada de Sierra Maestra. El ímpetu juvenil y las ansias de libertad pudieron más que las advertencias de sus mayores, y salieron alborozadas a la calle convencidas de estar viviendo momentos trascendentales para la Historia de Cuba. ¡Vaya si lo fueron! Las peores sospechas del abuelo de Berta y Lourdes se hicieron realidad en pocos meses. Castro sucumbió pronto a los encantos del comunismo soviético y los deseos de Berta, Lourdes y millones de cubanos se frustraron irremisiblemente. La libertad, la democracia, la prosperidad y el derecho a la propiedad privada se sustituyeron por la tiranía, el terror, la miseria y la alienación del pueblo. La empresa americana en la que trabajaba Berta fue una de las primeras que confiscó el nuevo régimen castrista. La posibilidad real de que Berta fuera enviada a un ingenio a cortar caña de azúcar obligó a mis abuelitos de Cuba a tramitar los visados y permisos para que Lourdes y Berta escaparan de aquel desalentador escenario. Con lo puesto y poco más, salieron de Cuba hacia Asturias, donde la familia de Manolo Arrinda, mi abuelo, las acogería y cuidaría en sustitución de sus padres. Sesenta y dos años después de aquellos acontecimientos los cubanos siguen sometidos al yugo del comunismo. Berta no volvió a pisar suelo cubano, antes de fallecer. Se autoimpuso hacerlo solo si la libertad y la democracia regresaban a la tierra que le vio nacer.

Sin apenas tener yo uso de razón, se convirtieron en cotidianas y normales situaciones que resultaron del traumático cambio de vida que ocasionó la Revolución Cubana en mi madre y su hermana. Los lazos de hermandad se fortalecieron y redoblaron para sobrellevar el dolor por la salida de Cuba y el alejamiento de sus padres durante casi diez años. Con la poderosa ayuda de la fe, la unión entre las dos hermanas redobló su fortaleza para, juntas, siempre juntas, afrontar la larga ausencia de su familia en Cuba y la adaptación a un entorno físico y social radicalmente distinto al que les vio crecer en La Habana. Esa ayuda mutua y sin fisuras no cambió sustancialmente tras contraer matrimonio con los hermanos Prendes, Amando y Pipo. Así que, lo que para nuestros vecinos y amigos era algo peculiar y distinto, se convirtió en cotidiano y del todo normal para mí, mis padres, mis hermanos y mis primas. Dos familias surgidas del matrimonio entre dos parejas de hermanos y hermanas convivían física y afectivamente como una sola. Para entender lo privilegiado que me he sentido al ser hijo de dos madres simultáneamente, baste entender lo que supone recibir doble ración de cariño, cuidado, afecto, protección, guía, enseñanza, ejemplo, instrucción, cobijo, ánimo, estímulo y qué se yo cuantas otras cosas tan importantes en la configuración de mi personalidad.

Berta sentía un amor sin fin por la cultura. Fue una gran lectora, en especial de novela negra. En su biblioteca se agrupa toda la obra de Agatha Christie, además de un gran número de ejemplares de distintos géneros. Novela histórica, novela clásica y contemporánea. Insaciable bibliófila. Compró y leyó, siempre, muchos libros. Como miembro del Círculo de Lectores, en quioscos, librerías y venta on-line. Participó hasta su muerte en la tertulia literaria que dirige en Candás María Teresa Álvarez y fue, desde sus inicios, miembro del jurado del concurso literario que convoca cada Semana Santa la Parroquia San Félix de Candás.

La influencia de su abuela materna, profesora de piano en La Habana, y su tía Lely, organista de la Congregación de Hermanas de la Preciosa sangre de Jesús, le inclinó de por vida al disfrute de la música. Tocaba el piano y la guitarra. También era integrante de los coros parroquiales que acompañaban año tras año las celebraciones religiosas de Semana Santa y Navidad.

Su tendencia a servir a los demás, le metió en la política municipal, aunque no quiso nunca estar en primera línea. Su traumática experiencia de vida con el comunismo revolucionario y la Dictadura de Batista, le permitió entender de forma independiente lo que supuso el final de franquismo y la llegada de la Democracia a España. Podríamos decir que tenía autoridad moral para persuadir a nostálgicos del franquismo y fervientes militantes del neocomunismo, de los cantos de sirena que unos y otros proclamaban en sus mítines.

Que Dios y la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre te bendigan, Berta.

Carlos-M. Prendes García-Barrosa

Genk, 28 de Abril de 2022.

Acerca de cime1234

Sprint Head Coach Belgium Flatwater Canoeing National Team Presidente del Club Piraguas Los Gorilas de Candás https://cime1234.wordpress.com/ cime1234@hotmail.com
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