Siento cierto pudor en desvelar las normas de conducta que mi padre se exigía. En cualquier caso, son de sobra conocidas por quienes vivimos a su lado. Como “a través de sus obras les conoceréis”, el ejercicio continuado de su forma de vida, descubría sobradamente a los demás los fines que mi padre tenía.
Mi padre no entendía su vida sino como una forma de entregarse a los demás. El tenía claro el modelo de conducta que hacía buenas a las personas y ese era su objetivo: contribuir a hacer buenas personas a sus familiares, sus amigos o sus pupilos. Mi padre tenía una fe en Dios muy sólida y la llevaba a la práctica, entre otras formas, dando testimonio de su fe. No ocultaba su fe en Dios sino que se sentía muy orgulloso de ella y quería propagarla, extenderla lo más posible. En definitiva, él quería dar testimonio de su fe en Dios y lo bueno que aquello era. Mi padre era un buen pedagogo, un buen maestro. Su discurso no siempre era un discurso con lenguaje religioso. Él conocía la personalidad de sus interlocutores y adaptaba el nivel del lenguaje al nivel de comprensión de quien le escuchaba. El entrenamiento del Piragüismo era uno de los caminos que le ayudaban a hacer buenas personas.








“¡Hay que dar ejemplo!” ¡Vaya con la frasecita de marras…! Quienes tantas veces la escuchamos saliendo de su boca sabemos el mensaje que traslucía. Aquello significaba que no te comportabas como él te había enseñado. Que no ibas por el buen camino. Lo que él quería es que todos ampliáramos la red para dar buen testimonio a los demás de buena conducta. Y así ampliar la comunidad de buenas personas. Ese “¡Hay que dar ejemplo!” sonaba fuerte, directo, con énfasis y hasta cierto enfado con el destinatario, porque entendía que le habías fallado. Él había descubierto un fallo en tu comportamiento y te recordaba con la frase que tenías que volver al redil, que tenías que cambiar para volver a ser buena persona. Todos teníamos que dar ejemplo a los demás.
Así que, en este duodécimo aniversario de tu muerte, como en todos los anteriores, pienso en ti un poco más que cualquier otro día del año. Reflexiono sobre cómo seguir tus enseñanzas, cómo volver al redil. A pesar de que el mundo que nos toca vivir, no es el que tú viviste, ha cambiado tanto…, hay que seguir creciendo como buenas personas. Me alegro de poder seguir escuchándote en las alturas: “¡Hay que dar ejemplo!”.
Carlos M. Prendes García Barrosa
Genk, 19 de agosto de 2023.